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CLUB DE "JOGGERS" Y CORREDORES PARQUE CENTRAL, SAN JUAN PUERTO RICO |
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Los Calambres Asociados al Ejercicio |
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Por: Marcos Echegaray, UPR-Cayey
Las causas
históricamente propuestas para CAE incluyen: (1) anormalidades en el balance
corporal de agua (deshidratación), (2) alteraciones en las concentraciones
sanguíneas de electrolitos (especialmente sodio), (3) condiciones ambientales
extremas de calor y frío, y (4) anormalidades congénitas o enfermedades. Sin
embargo, si se analiza la literatura científica hasta el momento, no se hallará
apoyo sustancial para ninguna de estas teorías para el desarrollo de CAE. Por
otro lado, desde hace ya más de 10 años un grupo de fisiólogos de Sudáfrica han
venido proveyendo evidencia de que CAE es un fenómeno de origen neuromuscular.
Es decir, un problema de los mecanismos de estimulación de nervio a músculo que
se suscitan a raíz de la fatiga muscular.
Veamos en detalle
los hallazgos científicos en torno a los modelos propuestos para CAE.
Deshidratación
Los primeros
informes en la literatura científica acerca de calambres fueron de casos de obreros
que trabajaban por extensas horas en condiciones muy calurosas como fábricas en
donde había calderas de vapor (Edsall 1908, Talbot, 1935). En dichos casos, era
evidente que los individuos aquejados por calambres habían sudado copiosamente
y presumiblemente se hallaban deshidratados. De ahí que se popularizara
la idea de que la deshidratación era la causa de los calambres. Esto, a pesar
de que ninguno de los reportes médicos hizo mediciones de niveles de
deshidratación ni comparó a los sujetos con sus compañeros de trabajo, que bajo
las mismas condiciones no sufrieron calambre.
Publicaciones como esas, carentes de rigor científico, no serían
aceptables en las revistas médicas de hoy en día.
En el campo
deportivo, los CAE ocurren frecuentemente en corredores de largas distancias,
quienes sudan mucho y normalmente sufren algún grado de deshidratación. Por
tanto ha sido lógico pensar que estos fenómenos están directamente
relacionados. Sin embargo, en al menos 4 estudios controlados realizados desde
1986 (Maughan, 1986, Schwellnus 2004, Sulzer, 2005 Drew, 2006) en los que se
comparan los niveles de hidratación absoluto (volumen sudado) o relativo (el
porciento de cambio en peso), se demuestra que los sujetos que sufren de CAE en
eventos de maratón, ultramaratón o triatlón están igualmente o más hidratados
que aquellos a quienes CAE no les aqueja. En un estudio distinto (Jung 2005) se
utilizó un protocolo de ejercicio muy intenso de flexión de tobillo (‘calf
raises”) y saltos para inducir CAE en los gastronemios (la batata) de sujetos
moderadamente activos, pero no entrenados. En una ocasión los sujetos
consumieron una bebida comercial a razón de
Electrolitos
La asociación entre los calambres musculares y
alteraciones en las concentraciones de electrolitos en la sangre ha sido
documentada en varias condiciones médicas. Por ejemplo: en pacientes recibiendo
diálisis (aparentemente como consecuencia
de la disminución en el volumen de sangre y la dilución de la misma), en casos de deshidratación severa debido
a vómitos o diarreas, en casos de
hiponatremia (bajo sodio) por insuficiencia de sal y en alteraciones hormonales
que producen hipokalemia (bajo potasio)
hiperkalemia (exceso de potasio), hipocalcemia (bajo calcio) e hipomagnesemia
(bajo magnesio). Debido a la vasta literatura que demuestra el desarrollo
de alteraciones en las concentraciones de electrolitos y la hidratación como
consecuencia de la participación en eventos de maratón y ultras, comúnmente se
presume que hay una relación entre estas alteraciones y la ocurrencia de
calambres musculares en corredores. Hay
que señalar, sin embargo, que los corredores sufren de CAE únicamente en los
músculos utilizados en competencia; es un fenómeno localizado. En cambio, los
pacientes de las condiciones crónicas antes descritas, padecen de calambres
generalizados. O sea, en diferentes partes del cuerpo. No se trata del mismo
fenómeno. De hecho, no tiene sentido que una alteración generalizada, como
sería tener bajo sodio en sangre, pueda tener efectos localizados
específicamente sobre los músculos utilizados en una carrera de larga
distancia. Obviamente, el fenómeno de CAE que se da durante el ejercicio
prolongado tiene un origen distinto al de los calambres generalizados en
condiciones o enfermedades crónicas. Como la lógica no es evidencia suficiente, veamos que hay
en la literatura científica. En 1986, el Dr. Ron Maughan de Escocia tomó muestras de sangre al cabo de
una maratón de 42Km y comparó las concentraciones sanguíneas de los principales
electrolitos (sodio, potasio, calcio) entre individuos que desarrollaron
calambres durante la carrera y aquellos que no los sufrieron.
Sorprendentemente, no pudieron hallarse diferencias significativas entre los
grupos para ninguna de las variables medidas.
Similares resultados se han obtenido en competidores de triatlón Ironman
(Sulzer 2005, Drew, 2006). En un estudio similar (Schwellnus, 2004) se
detectaron diferencias significativas en la concentración de sodio en sangre
luego de un evento de ultramaratón de 56Km (140 +/- 2 mmol/L vs. 142 +/- 3
mmol/L en CAE vs. el grupo control respectivamente). Sin embargo, los valores
obtenidos caen dentro de los valores de normalidad y no fueron distintos de los
valores en reposo (139 mmol/L) para cada grupo.
En otras palabras, los que sufrieron CAE tenían casi exactamente la
misma concentración sanguínea de sodio antes y después del evento. Por lo
tanto, no se puede atribuir CAE a alteraciones sanguíneas de sodio. Más aún, en
dicho estudio, como los anteriores, no se hallaron diferencias clínicamente
significativas entre los que sufre CAE y los que no, para otros electrolitos
como potasio, magnesio y calcio ni para glucosa o hemoglobina. En resumen, no existe evidencia de que el
desarrollo de CAE esté asociado a alteraciones en las concentraciones
sanguíneas de sodio, calcio, magnesio o potasio. La costumbre de consumir sal
con el propósito de evitar los calambres está basada en un mito.
Condiciones ambientales
En algunos textos
se hace referencia a los efectos de las altas temperaturas sobre el rendimiento
y se incluye el concepto de calambres por calor (“heat cramps”) como una
consecuencia de las condiciones ambientales. Algo que no está claro es si se
trata de un fenómeno diferente o si los llamados calambres por calor son lo
mismo que CAE. Dado que no hay reportes
de calambres por calor en personas pasivamente expuestas al calor, es aparente
que ambas cosas son lo mismo. Además es sabido que personas que participan de
actividades que requieren del uso repetitivo de algún músculo, aún en un
ambiente que no conduce a una gran sudoración, como en el caso de músicos de
concierto, sí sufren de CAE (Miles 1994).
Todo esto es consistente con que CAE está más asociados a la fatiga
muscular. Aún así habría que preguntarse ¿por qué son más frecuentes los CAE
durante eventos en ambientes calurosos? La explicación es sencilla; hay vasta
evidencia de que las altas temperaturas ambientales aceleran el desarrollo de
fatiga muscular pues imponen mayor estrés al sistema cardiovascular e incluso
al sistema nervioso. Si se acelera la fatiga muscular, se facilita el
desarrollo de CAE. Condiciones Patológicas
Es sabido que los
calambres musculares pueden presentarse como síntomas de varias enfermedades o
condiciones como radiculopatías (pinche de las raíces de los nervios), la
enfermedad de Parkinson, hipotiroidismo, diabetes, problemas vasculares y
miopatías (condiciones de los músculos) metabólicas. Los calambres también
pueden ocurrir como efecto secundario de la ingesta de ciertas drogas como los
agentes para bajar los lípidos sanguíneos, antihipertensivos, agonistas de
receptores beta adrenérgicos, insulina, contraceptivos orales y alcohol. Una vez más, los efectos de estas
drogas y condiciones son generalizados y no específicos de un grupo de
músculos. Más aún, es claro que la mayoría de los corredores que sufren CAE son
sujetos muy saludables que no están usando estas drogas ni presentan patologías
sistémicas. Como hemos visto, los factores que tradicionalmente se
han propuesto para explicar la ocurrencia de CAE carecen de apoyo de la
experimentación científica. La principal
inconsistencia es que estos factores afectarían el cuerpo entero mientras que
los CAE ocurren únicamente en los músculos fatigados por el ejercicio. En vista
de esto es necesario plantearse hipótesis nuevas. Evidencias de CAE asociado a fatiga muscular
En un estudio de
Manjra & Schwelnus (1996) los factores de riesgo asociados al desarrollo de
CAE durante eventos atléticos como la maratón fueron analizados. Dicho estudio reportó que CEA se asocia con:
1) pobre preparación para los rigores de un evento, especialmente de larga
distancia, 2) ejercicio de alta intensidad como cuando se compite vs. en entrenamiento y 3)duración del evento. Los calambres ocurren
con mayor frecuencia en las últimas etapas de una competencia. En 2006, EL Dr.
Drew, de Sudáfrica, analizó el patrón de ocurrencia de calambres en una muestra
de sobre 200 triatletas participantes del Ironman en dicho país. Sus
principales hallazgos fueron que CAE estaba correlacionado significativamente
con ejecutorias más rápidas (mayor intensidad de ejercicio) así como con los
tiempos que los atletas habían predicho para sí (digamos, cuán agresivos fueron
en su ejecución). Aquellos que mantuvieron un paso muy duro al principio
presentaron mayor incidencia de CAE que los que distribuyeron el esfuerzo
equitativamente a lo largo del evento. Como se aprecia, la evidencia sugiere
que CAE es precipitado por las exigencias de la competencia de larga duración,
especialmente cuando no se está preparado adecuadamente. El mecanismo neuromuscular En 1997 Schwelnus & Noakes fueron los primeros en
esbozar que los CAE ocurren como resultado de la fatiga muscular. En su
hipótesis plantearon que a consecuencia de la fatiga muscular, los
propioreceptores (sensores) que monitorean los cambios en largo y en fuerza
producida por los músculos, generan señales inapropiadas que activan reflejos a
nivel del cordón espinal así provocando las fuertes contracciones musculares que
llamamos calambres. Me imagino que algunos ya se han perdido en el mar de palabras técnicas del párrafo anterior. Para poder entender la hipótesis neuromuscular tenemos primero que entender la anatomía básica de los propioreceptores musculares.
En el dibujo de al lado se ilustra un músculo. El músculo
posee unas estructuras contráctiles (lo rosa) que se adhieren a los huesos a
través de tendones (lo gris). Los músculos son controlados a voluntad mediante
señales del sistema nervioso que llegan a éstos por vía de los nervios. Cada
nervio es un mazo de fibras nerviosas llamadas neuronas motoras. Cada neurona motora estimula varias células
del músculo para que se contraigan. Dependiendo de cuántas neuronas motoras se
activen, así variará el número de las células musculares que se “recluten” para una tarea y del mismo modo
variará la fuerza que se genere. Es por esto que usted puede levantar un objeto
pesado con gran fuerza, pero también puede suavemente acariciar el rostro de un
bebé. Ahora bien, ¿cómo registra el sistema nervioso cuánta
fuerza se está generando? Esto es importante para aplicar la fuerza adecuada
para lo que se desea lograr. Ahora vemos
la función de los propioreceptores musculares. Éstos proveen información al
sistema nervioso del grado de acortamiento (longitud) de un músculo y de cuánta
fuerza se está generando. Los receptores encargados que informan acerca del largo
de un músculo se llaman HUSOS MUSCULARES (HM) y se hallan inmersos en la masa
de células musculares. Los HM responden
especialmente al alargamiento de los músculos. Si un músculo se alarga más que
lo deseado, el HM envía una señal que estimula una neurona motora en el cordón
espinal y ésta a su vez, a través del axón, estimula la contracción del músculo
para que quede más acortado. Esta conexión entre neuronas es lo que llamamos un
reflejo y es lo que los doctores prueban cuando le pegan con la macetita en la
rodilla y consiguen que su músculo del muslo (cuadriceps) se contraiga. El otro tipo de receptor muscular se conoce
como Órgano Tendinoso de Golgi (GTO). Éste funciona para detectar la fuerza que
el músculo genera en un momento determinado.
A medida que la fuerza que el músculo genera va en aumento, los tendones
se estiran más a consecuencia de la tensión. Si la tensión es extrema, se
activan los GTO que mediante un reflejo espinal inhiben la actividad de las
neuronas motoras. A consecuencia de esto, el músculo en cuestión entonces se
relajará. Se considera que este reflejo es un mecanismo de autoprotección para
evitar los desgarres. En resumen, cuando se activan los HM se estimula la
contracción muscular y cuando se activan los GTO se estimula la relajación.
Evidencias de un mecanismo de CAE asociado a control neuromuscular
En un estudio del Dr. Sulzer (2005) se realizaron electromiogramas (EMG) a los sujetos que sufrieron calambres en un triatlón encontrando que la actividad eléctrica muscular fue significativamente mayor en los músculos acalambrados (hamstring) en comparación con otros músculos (de los brazos) en los mismos sujetos. Esto último apoya el modelo de calambre inducido por hiperactividad neuromuscular.
Sin embargo, las evidencias más claras de que existe un mecanismo neural asociado al CAE provienen de experimentos en que se demuestra que es posible inducir un calambre muscular localizado mediante la estimulación eléctrica de las neuronas motoras (Stone, 2003). Además, Baldisera (1994) había demostrado que también se puede conseguir un calambre si se estimula eléctricamente las fibras nerviosas del huso muscular. Recordemos que las fibras nerviosas del HM al ser activadas estimulan la contracción muscular. Más aún, en 2007, Khan & Burne, demostraron que es posible aliviar un calambre mediante la estimulación eléctrica de las fibras del GTO. Recordemos que cuando este receptor es estimulado se inhibe la actividad de las neuronas motoras y a su vez las contracciones musculares.
Ahora bien, la pregunta que aún queda por contestar es: ¿cómo se produce el calambre en primer lugar? El mecanismo que proponen Schwelnus y Drew (2008) se basa en las observaciones de dos estudios sobre la actividad de los receptores musculares en células musculares fatigadas. Por un lado, Nelson (1985) demostró que en células musculares fatigadas por el ejercicio, la actividad del HM aumenta. Mientras, Hutton (1986) encontró que las mismas condiciones de fatiga disminuyen la actividad del GTO. Ahora estamos en posición de entender el origen de los CAE. Aparentemente la fatiga muscular afecta los propioreceptores musculares haciendo que el HM se active a la vez que el GTO se inhiba. Esta combinación de estimulación de los estimuladores e inhibición de los inhibidores es la fórmula perfecta para que se desate una contracción fuerte y sostenida del músculo fatigado. En otras palabras un calambre. El diagrama a continuación resume el mecanismo neuromuscular de CAE.
Resumen
Los calambres musculares asociados al ejercicio son dolorosas y sostenidas
contracciones involuntarias. Estas suelen ocurrir como resultado de la
actividad física prolongada. Tradicionalmente, se han sugerido varias causas
como la deshidratación y alteraciones en las concentraciones sanguíneas de
electrolitos. Aunque estas situaciones pueden darse en sujetos que se
ejercitan, la evidencia indica que quienes sufren de calambres no presentan
alteraciones de sus electrolitos ni niveles de hidratación distintos de quienes
no sufren calambre
El ejercicio en ambientes calurosos puede ser un factor que propenda a una mayor incidencia de CAE, pero no porque directamente los causen sino porque la deshidratación y el aumento en la temperatura corporal que acompañan al ejercicio en dichas condiciones aceleran el desarrollo de la fatiga muscular.
Lo que hace de la teoría neuromuscular una posibilidad seria y digna de mayores
esfuerzos de investigación es que por primer vez se plantea un mecanismo
plausible para el origen de los CAE que es consistente con la evidencia
científica y con un verdadero racional fisiológico. Las teorías de la deshidratación y
desequilibrios de electrolitos no pueden explicar cómo una alteración
generalizada resulta en calambre, exclusivamente de los músculos fatigados por
ele ejercicio. El modelo neuromuscular para CAE, se basa en evidencia
científica y señala que como consecuencia de la fatiga muscular, la actividad
de los propioreceptores (GTO y huso muscular) es alterada. CAE se explica
entonces así: cuando sobreviene la fatiga, se activan los husos musculares (los
cuales estimulan la contracción) a la vez que
se inhiben los GTO (que son los que inhiben la contracción muscular). La
combinación de sobre-estímulo de contracción muscular pareada con la
eliminación de estímulos inhibitorios lleva al músculo a contraerse fuertemente
y sin control voluntario.
Aplicación práctica
El modelo neuromuscular describe el desarrollo de CAE como consecuencia de
la fatiga muscular. Esto plantea que las estrategias para evitar los CAE deben
ir dirigidas a prevenir la fatiga muscular prematura. Esto incluye una
preparación adecuada para el evento de interés en términos de volumen
(kilómetros recorridos) e intensidad (velocidad) de entrenamiento así como
descanso apropiado. Vemos que no tiene fundamento la sugerencia de ingerir sal
durante los eventos de resistencia con el propósito de prevenir o aliviar los calambres
pues quienes sufren de calambres no presentan bajas concentraciones de sodio en
sangre. Esto no quiere decir que la hidratación y reemplazo de electrolitos no
sean importantes durante el ejercicio. Definitivamente, se debe prestar
atención a la hidratación y, en eventos prolongados, a la ingesta de hidratos
de carbono antes y durante la competencia para evitar la deshidratación e
hipoglucemia. Ambas son condiciones que conducen a la fatiga muscular. Finalmente, uno de los errores más comunes en
sujetos que sufre CAE es imponer un ritmo de carrera muy fuerte que luego no
pueden sostener. Es importantísimo,
sobre todo en carreras de más de 21K, seguir un plan de carrera controlado a
paso constante o acelerando (“negative splits”) en vez de muy rápido al
principio para colapsarse al final.
Referencias
Baldissera
F,. et al. Brain
1994;117 ( Pt 5):929-39.
Drew N, Sports
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1908;11:1969-71.
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